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Nuequén: la rueda de Pepe Alveal
Por sebastian hacher ((i)) -
Tuesday, Jan. 27, 2004 at 4:33 AM
sebastian@riseup.net
Una charla con Pepe Alveal, el joven del MTD que perdió un ojo durante la represión del 25 de Noviembre
"inmensos
jóvenes de pie
sin más edad que la esperanza"
(Roque Daltón - Por qué escribimos)
Sesenta y cuatro. Ese es el número de huellas de bala
distribuidas en todo el cuerpo; cicatrices redondas, oscuras, que
parecen quemaduras de cigarrillos y que sólo se van con
los años. Pedro Alveal, Pepe para los amigos, llegó
a Buenos Aires el jueves para someterse a la primera de una serie de
operaciones por el ojo que perdió durante la represión
del 25 de noviembre pasado en Neuquén.
Con sus 20 años, milita desde hace tres en el MTD de
Neuquén, y trabaja desde agosto del 2003 en Zanon, la
fábrica de cerámicos recuperada por su
trabajadores. El día de la represión, cuenta que "había que ir al Ruca Che para
decir que no queríamos esa tarjeta, porque imponía
determinadas condiciones que iban a perjudicar a muchos de los
compañeros".
Lo que vino después fue conocido por casi todo el país: los
desocupados intentaron hacer una asamblea que terminó en una
represión en todo el barrio y hasta la noche. Hubo heridos con
bala de plomo en el estómago, piernas y brazos, decenas de
detenciones. Entre ellas, la de Pepe, que hoy nos cuenta su historia.
En la línea de fuego.
"Yo estaba con una compañera
repartiendo volantes a la gente, para discutir porqué no aceptar
la tarjeta. En ese momento la policía me vio y después
cuando empezó la represión me apuntaron a la cabeza. Me
quedé en la primera línea, junto a muchísima gente
del barrio que ni siquiera milita. Gente obrera, campesina, mapuches,
niños".
No hay miedo ni exageración en sus palabras. Habla en forma
pausada, casi medida. Se toma su tiempo para elegirlas con cuidado,
como si cada una valiera oro.
"Contra todos reprimieron. Cuando
vimos que pasaban las horas y la represión no paraba decidimos
hacer una asamblea para ver qué hacíamos. Si
seguía la cosa así sabíamos que iban a entrar a
las casas para pegarle a cualquiera".
Y antes y después, las balas.
"La policía llegó al
lugar de la asamblea a los tiros. Yo me quedé parado mirando
cómo se iba la gente. No me metí detrás de nada,
no se lo que me pasó en ese momento. No corrí y la
policía vino hacia mi. Ahí empiezo a recibir tiros, me
siguen como cuatro o cinco motos, me pegan, me siguen pegando. Cuando
me llevan a la comisaría donde me siguen golpeando. Me gritaban
zurdo, gremialista, y yo digo eh, ¿que onda?. Me hicieron
arrodillar y me empujaron adentro de una celda. Después unos
enfermeros que me estaban esperando afuera me llevaron al hospital,
cuando me largan, a las tres de la mañana".
Arrancar.
Küpan kimkimtualu tañi che ñi doi kümeleam;
vine a estudiar para bien de mi gente, podría decir
tranquilamente Pepe si hubiera nacido en esas mismas tierras hace un
siglo. Y entonces sería un tolqui o un kona; un guerrero mapuche
defendiendo su pueblo. Pero como nació en la patria petrolera del
siglo XX, en un barrio obrero de Neuquén donde los hijos
de los hijos de la tierra viven apiñados y sin oportunidades, le
contamos que alguien, contestando a un artículo, dijo que no
creía que pudiera trabajar, estudiar y militar al mismo
tiempo. Se ríe, quizás por única vez durante
la charla, y explica algo que para él es lo más natural
del mundo.
"Cuando yo tenía el horario
fijo, iba a la mañana a Zanon, después los martes
nos reuníamos los jóvenes, los jueves reunión
general del MTD y estudiaba de noche, de 8 a 12, no para ocupar el
tiempo en alguna cosa; el estudio es a lo que más apuntaba
yo. Quería arrancar por otro lado"
Hay algo de paternal y algo de pibe de barrio en su forma de ser; una
combinación de un idealismo apenas rasguñado por las
balas, con un sentido de la responsabilidad difícil de
encontrar en mucha gente.
"Después de la
represión no me caí. Al otro día quería ir
a la escuela, me levanté y me encontré internado y con un
policía al lado. Me parecía que todo me reprimía.
En ese momento me sentía anarquista; no quería aceptar ni
la palabra del médico".
Como el primer día.
"Hacía algunas changas,
siempre traté de manejarme por las necesidades que veía
no sólo en mi familia, sino también en los vecinos. Antes
salía con un carro a vender manzanas con mi viejo para llevar un
mango a casa. Me paraba en una esquina y los conocidos nos compraban.
Mi viejo hasta que entró a la fábrica hace unos meses
estuvo en la calle vendiendo."
Su padre, Juan, trabajó hasta el 2001 montando antenas en una
contratista de Telefónica que, como cientos de empresas en todo
el país, redujo personal en lo peor de la crisis. Desde
dos días después de la represión, Juan
entró a trabajar en la fábrica por propuesta de una
asamblea de los obreros. Si para su padre entrar a Zanon fue
volver a sus orígenes, para Pedro, en cambio, fue descubrir un
mundo nuevo.
"Yo nunca había estado en
ninguna fábrica. Lo más groso que había visto era
una obra en construcción. Yo pensaba que era una fábrica
porque había mucha gente y en dos días quedaba una casa
construida. Pero ahí termina el laburo y te echan."
En el MTD eligieron, en agosto del año pasado, que sean los
pibes como Pepe los destinatarios de los primeros puestos de trabajo
genuinos ofrecidos por los ceramistas. Ni él, ni la
mayoría de sus compañeros jóvenes sabían lo que era un trabajo estable.
Pepe se integró a la parte de selección, donde se ven
pasar decenas de cerámicos por minuto y hay que controlar que
cada uno sea igual al siguiente. Además de esa tarea, Pepe
"paletizaba", juntando las cajas de cerámicas de a cien sobre
una base de madera que -aclara- fabrica la gente del MTD. Lo
hacía con un entusiasmo que -lejos de apagarse- fue
creciendo con el tiempo.
"Hasta el día de hoy sigo como
el primer día. Muy contento de haber entrado a una
fábrica que está controlada por los trabajadores. Y me
dan ganas de meterme en cualquier fábrica y proponer lo que pasa
en la mía. Es impresionante; yo empecé a leer para saber
más del comunismo".
Los hilos
"Estar en mi casa me hizo pensar en
muchas cosas. Cambiaron los sueños. Estuve soñando
despierto, porque ni siquiera podía descansar tranquilo. Ahora
estoy más lúcido, pero en ese momento estaba muy loco."
A la mañana siguiente de la represión, con Pepe en
el hospital y su imagen dando la vuelta al país, tres mil
personas se movilizaron en Neuquén, desafiando al clima y a la
propaganda de Sosbich para intentar hacerlos pasar por
"vandálicos". Con la represión en
Neuquén y Salta, la campaña contra los piqueteros
encabezada por Anibal Fernandez llegaba a su apogeo y comenzaba a
chorrear sangre por los costados.
Pero la solidaridad escucha más las voces de la calle que
a los editorialistas de turno. Las noticias fueron corriendo de mano en
mano, cerca y lejos de Pepe. Nadie de los que lo conocían
podían dejar de estar atentos a como evolucionaban los hechos en
general y su salud en particurlar. Muchos, por suerte muchos, no
podíamos dormir.
"Me vinieron a ver varios
compañeros para decirme que siga adelante. Vino un soldador
amigo de mi hermano y me mostró una herida en el pecho. Una bala
de plomo y me contó que se la dieron en el 74. Y me dijo que se
organizó y que siguió una línea, los hilos que
vienen de esa época, que en el día de hoy si la agarras
tenés que seguirla hacia adelante. Yo lo escuché
mucho; esas cosas te ponen de pie. Porque por más fuerzas que
tengas es difícil pararse, necesitás que tus
compañeros te ayudan, te hablen."
Nosotros, los molestos.
"Les molesta que la gente se
manifieste. Les molesta que uno reclame por sus derechos, por su
futuro. Les molesta Zanon, que los obreros puedan parar una
fábrica, que dentro de ella haya desocupados que se organicen".
Si lo que buscaban con la represión es quebrar la resistencia
que los desocupados protagonizan en Neuquén desde 1995, con Pepe
se equivocaron feo, porque la represión lo cambió, pero
no en el sentido que ellos buscaban.
"Si antes pensaba que había
que parar con la represión que se viene dando desde el 2001,
ahora pienso que no solamente hay que pararlo sino que hay que pelearla
de frente y destruirla. Este es un sistema que puede saber todo de tu
vida, de tus familiares. Pero a la vez yo creo que si armamos otro
sistema se puede combatir. Parar se puede parar cualquier cosa.
Parás un colectivo y paran los cinco que vienen atrás. Yo
creo que sí se puede parar y empezar otra cosa. Además
somos muchas las personas, no varias, sino millones que tienen
bronca. Hay mucha gente con la que empezar a mover algo que no sea lo
que te imponen. Este gobernador se quiere llevar todo y no es
así. Por eso la idea es empezar a hacer girar una rueda al costado
del poder, donde importe lo que digamos nosotros."
Los pocos periodistas que vinimos en grupo para robarle a Pepe un
pedacito del poco tiempo libre entre médico y médico, nos
fuimos con una frase que quedó dando vueltas en el aire. Pepe,
ese joven que creció de golpe y a los golpes, ese pibe que sabe
que molesta porque está haciendo algo que es noble y verdadero,
terminó la charla invitándonos a ser como él.
"Yo creo que hay que salir aunque sea
a asustar. Como ustedes, que son jóvenes; por algo están
acá, hablando conmigo, porque están buscando algo".
Y vaya si lo encontramos.
Sebastian Hacher,
Buenos Aires, 27 de Enero del 2004
Epílogo policial
(Mientras se escriben estas lineas, en Neuquén los jueces Badano
y Fernández, designados por Sobisch y su mayoría
automática para
ser miembros del Tribunal Superior de Justicia y actualmente a cargo de
la Camara de Feria, tienen en sus manos la resolución de la
libertad de
los policías que agredieron a Pedro Alveal. El defensor de
los policias, el Dr. Pandolfi, presentó un escribo apelando la
prisión preventiva dictada por el Juez Abelleira contra los
agentes Osvaldo Fornara, Elías Cifuentes,
Alfredo Cortínez y Néstor Gatica. Copiamos dos
párrafos de esa apelación, que alcanzan para conocer
quienes son los defendores de la policias y los propios detenidos:
“Creemos que -no obstante el
entrenamiento y la ‘profesionalización’,
etc. de la que tanto se habla y que vemos sobre todo en el cine o en la
TV, todo ello no alcanza a borrar el hecho de que los empleados
policiales, no dejan de ser mamíferos ...por muy entrenados que
estén... Si así no fuera, no se entendería como
los
superprofesionalizados soldados norteamericanos que ocupan actualmente
Irak, no obstante su entrenamiento, su preparación, etc. hayan
matado
un par de miles de niños Iraquies, en lo que va del
conflicto...”
“...se advierte claramente que los
policías que defendemos hicieron lo mejor que pudieron,
cumplimentando las instrucciones y respetando la integridad
física de las personas a las que se les había ordenado
reprimir, como que agredían al personal policial, saqueaban
comercios, habían intentado asesinar a un oficial de la
policía... y que no acataban las ordenes de detención que
reiteradamente se le impartieron -como fue el caso de Alveal en
particular-.- Quien entonces incurrió en el delito de
desobediencia de una orden legitima que le fue impartida.- Por lo que
la represión fue -en principio ajustada a la ley...”.
Fin del epílogo. No hay nada mas que agregar)
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