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Manifiesto político de las asambleas
Por Asamblea Pque Chacabuco-Puan y Goyena - Saturday, Oct. 04, 2003 at 11:07 PM

Aporte para la discusion sobre un proyecto político de las asambleas.

Compañeros:

Este es un texto que elaboramos en nuestra asamblea (AP Parque Chacabuco-Goyena y Puan) que es sólo una propuesta, un aporte, a la discusion sobre el objetivo politico de las asambleas populares.
Cuando redactamos este documento decidimos utilizar la primera persona del plural y mencionar "las asambleas populares", ya que este manifiesto no lo tomamos sólo como algo propio de nuestra asamblea sino que queremos socializarlo. No pretendemos -ni podríamos- imponer a ninguna asamblea los conceptos vertidos en este texto, sólo pretendemos que nuestro humilde documento sirva como un disparador para que se den las discusiones pendientes en el movimiento asambleario: objetivo político, cómo y con quién organizarnos, qué es el sistema, a qué sociedad queremos llegar, etc.
No consideramos a este texto como algo ya acabado sino como algo que va siendo. Lo elaboramos con el lenguaje más simple posible. Este texto ha sido discutido y reformado, con muchos aportes, por todos los integrantes de nuestra asamblea, en el espacio de un mes y medio. Con su difusión esperamos que nos hagan llegar sus comentarios, sus críticas, sus aportes, y sus apreciaciones.

Les agradecemos de antemano por leerlo.



Manifiesto político de las asambleas, puntos de acuerdo y programa de mínima

Las asambleas populares, nacidas de la rebelión del 19 y 20 de diciembre de 2001, no limitan su objetivo político a expresiones de deseos por una sociedad mejor. Manifiestan que el actual sistema capitalista es incompatible con las legítimas aspiraciones populares de disfrutar de los bienes intelectuales y materiales que todos producimos. Manifiestan que este sistema no desaparecerá solamente mejorando las formas de representación sino que se debe arrancar a la clase dominante el poder económico que, basado en la propiedad privada de los medios de producción, le permite controlar los medios de educación, información y represión en beneficio propio. Sólo colectivizando todos los medios que la propia humanidad pudo crear y coordinando las fuerzas populares para vencer la resistencia de estos explotadores se logrará arribar a una sociedad donde los frutos del ingenio humano se destinen a la propia humanidad y no a reproducir la maquinaria de explotación.


La economía nacional y mundial está dominada por un grupo de grandes empresarios, ya sea nacionales o internacionales, dueños de los medios de producción, servicios, distribución e información. Estos grandes empresarios y su corte de gerentes y funcionarios, constituyen la clase dominante. A pesar de ser esta clase la beneficiaria de este sistema no creemos, sin embargo, que el problema sea la corrupción generalizada ni de moral individual o de grupo de la clase dominante, pues hasta la propia clase dominante está atrapada en él. El sistema capitalista, a la vez que demostró las posibilidades del ingenio humano en cuanto al desarrollo de las fuerzas productivas, puso estas fuerzas al servicio de esa minoría adinerada. Si bien con la tecnología y los recursos existentes se podría acabar con el hambre mundial y la mayoría de las enfermedades en menos de una generación, la continuidad de este sistema, más que posibilitar el desarrollo material e intelectual de la población, sólo reproduce la maquinaria de explotación y lleva a crisis cada vez más profundas.

Los grandes empresarios destinan enormes recursos a la producción de armas, al narcotráfico, a las fortunas personales de los magnates y al mantenimiento de toda la maquinaria represiva, reflejando con eso que sus intereses no sólo no coinciden con los de la mayoría sino que necesitan de la anulación de los intereses y derechos de la mayoría para verse satisfechos. La mayor parte de la riqueza la destinan al mantenimiento de todo el sistema de explotación, con la hipócrita excusa de defender la iniciativa individual.

Las mismas estadísticas del Banco Mundial (Informe sobre el Desarrollo Mundial 2000/2001: Lucha contra la Pobreza) demuestran la injusticia producida por este orden. La sección que empieza con el título “La pobreza en un mundo caracterizado por la desigualdad” dice:

“De un total de 6.000 millones de habitantes, 2.800 millones viven con menos de US$2 diarios, y 1.200 millones con menos de US$1 al día. En los países ricos, los niños que no llegan a cumplir cinco años son menos de uno de cada 100, mientras que en los países más pobres una quinta parte de los niños (¡el 20%!) no alcanza esa edad. Asimismo, mientras que en los países ricos menos del 5% de todos los niños menores de cinco años sufre de malnutrición, en las naciones pobres la proporción es de hasta el 50%.”

El mismo Banco Mundial afirma que estas monstruosidades se deben a la desigualdad:

“Esta situación de miseria persiste a pesar de que las condiciones humanas han mejorado más en el último siglo que en todo el resto de la historia de la humanidad: la riqueza mundial, los contactos internacionales y la capacidad tecnológica son ahora mayores que nunca. Pero la distribución de esas mejoras ha sido extraordinariamente desigual. El ingreso promedio en los 20 países más ricos es 37 veces mayor que el de las 20 naciones más pobres; esta brecha se ha duplicado en los últimos 40 años”

En nuestro país las estadísticas son harto conocidas: el 60% de la población (20 millones de personas) se encuentra bajo la línea de la pobreza. 7 de cada 10 menores nacen en un hogar pobre. La indingencia es del 35%. 70 niños mueren diariamente por causas evitables, una de ellas las desnutrición (en el país de las vacas y el trigo, en el país que produce alimentos para 300 millones de personas). Evidentemente, el problema no es la corrupción.

¿Pero qué dice el sistema respecto a todo esto? Aparentando defender la decisión y el progreso individual, este sistema ve a las personas sólo como productores y consumidores, donde los productores compiten, presuntamente, entre ellos. El sistema y sus ideólogos declaran que esa competencia incentiva el avance de la sociedad. Pero en lo hechos el incentivo de la competencia está limitado a menos del 1% de la población, que serían los grandes propietarios de los medios de producción material e intelectual.

El pequeño productor, por el contrario, está constantemente sometido a la presión del gran capital que, en su afán monopolista y con todos los medios financieros a su favor, lo va desalojando progresivamente del mercado, convirtiéndolo en un asalariado o hasta en un desocupado.

La defensa de la propiedad privada y de la libertad de empresa que hace este sistema es, en realidad, la negación progresiva o inmediata de toda propiedad (y libertad) para la población, ejecutada esta negación mediante devaluaciones, ajustes, inflación y crisis económicas hasta -al mejor estilo pirata- desalojos, “corralitos”, etc. La defensa de la propiedad privada y de la libertad de empresa que hace este sistema es, en suma, la defensa de sí mismo.


En este sistema, un trabajador ni siquiera es dueño de su propio trabajo. El trabajo asalariado produce la enajenación del trabajador ya que, al contrario de lo que se pregona, el patrón/empresa NO DA trabajo, sino que COMPRA la fuerza de trabajo a cambio de una suma de dinero: el salario. De esta manera, la fuerza de trabajo se convierte en una mercancía que el empleado debe vender para poder subsistir físicamente. El trabajo deja de ser una actitud creativa y de beneficio social y pasa a enriquecer al patrón y a la vez mantener todo el aparato de represión material, moral e intelectual montado por el propio sistema. Como la fuerza de trabajo es, por lo tanto, otra mercancía más, su remuneración no se mide según las necesidades particulares del trabajador, sino por el Mercado que, bajo la fachada de la “libre concurrencia”, es en realidad un tirano al servicio de una minoría adinerada.

Los grandes empresarios salen de las crisis que ellos mismos producen a costa de una mayor indigencia para el pueblo. El salario y la estabilidad del trabajador es la variable de ajuste que la clase dominante utiliza para salir de esas crisis.

Las huelgas y movilizaciones por las reivindicaciones básicas suelen asestar golpes fuertes al sistema. No sólo por alterar el “orden establecido” o interrumpir la ganancia del capitalista sino porque transitoriamente se desmorona el esquema de autoridades impuesto por el sistema y los trabajadores comienzan a dudar de los beneficios de esa “disciplina”. Sin embargo, las luchas puramente reivindicativas dejan intacta la base económica de la que emana el poder de la clase dominante. Las concesiones parciales que los capitalistas se ven obligados a dar para frenar la protesta terminan, entonces, licuándose, vía inflación o despidos.

La posesión del Estado por parte de los capitalistas les ha permitido, sobre todo en las últimas décadas de globalización neoliberal, despojar, una a una, conquistas de los trabajadores obtenidas con organización y lucha. Ese es el precio que ha debido pagar el conjunto de la clase trabajadora por no llevar a fondo la lucha y, tomando el poder político y económico, cambiar las bases del sistema, colectivizando la economía. Pero, ¿qué es el Estado?


El Estado es un conjunto de instituciones diseñadas para manejar los asuntos públicos dentro de cierto territorio (gobernar). Como la clase dominante son los grandes capitalistas, el carácter del Estado es capitalista. El estudio histórico del Estado (comunal, monárquico, feudal, colonial, capitalista burgués) determina que éste aparece junto a las clases sociales. Las diferentes clases sociales tienen diferentes intereses, por lo tanto hay una inevitable pugna permanente entre ellas (lucha de clases) en la que, según la correlación de fuerzas, se determina cuál es la clase que impone sus intereses a las demás. El Estado es el instrumento con el cual la clase dominante somete a las demas clases. Por lo tanto, la existencia del Estado señala la existencia de una clase dominante y de una o mas clases dominadas.

La concepción predominante del Estado (que no es otra que la concepción que le conviene al sistema) es que el Estado es el árbitro de la sociedad, un mediador imparcial entre los intereses de los ricos y los de los pobres, los de las víctimas y los de los victimarios. En realidad, este Estado no sirve para otra cosa que para proteger los intereses de la clase dominante; ya sea con las herramientas de la “legitimidad”, las herramientas legales, y el monopolio de la violencia a través de su ejército y de sus fuerzas de “seguridad”.

El régimen democrático representativo (que ha sido y es la máscara más efectiva del Estado capitalista) ilusiona al pueblo con el derecho al sufragio universal, donde supuestamente la gente tiene la libertad de elegir a ciudadanos que la representen en el poder legislativo y ejecutivo, de manera que sus intereses sean protegidos. Pero los políticos del sistema y los burócratas estatales no son representantes directos de la sociedad, sino que son empleados de la clase dominante. Aparentan ser "los jefes" pero son sólo "los gerentes". El poder judicial también está al servicio de la clase dominante. Las leyes nunca tocan la base económica del sistema y, si son aplicadas, es generalmente contra el más débil o cuando no afectan los intereses del sistema.

Hemos hablado de poder ejecutivo, legislativo, y judicial. Teóricamente la división de poderes es la base del sistema republicano (su diferencia principal con el sistema monárquico), pero en realidad también es una fachada pues la clase dominante no se esfuerza por cumplir las propias leyes institucionales, pero sí pretende que las clases dominadas vivan sujetas a ellas. El carácter “feudal” de las provincias del interior demuestra a claras luces como una casta gobernante impone sus intereses a la mayoría de la población a través del Estado provincial, y los “3” poderes se revelan como uno solo, como es en realidad.

Usando los resortes coercitivos y represivos del Estado, la clase dominante impone "el orden" (su orden). El régimen democrático en el capitalismo es, por lo tanto, la democracia de las minorías, la democracia de los que tienen dinero (“el que tiene plata hace lo que quiere”). Pero es la dictadura para los que no tienen dinero, para los que reclaman otro orden social, e incluso para los que reclaman los derechos “garantizados” por la Constitución Nacional.


Decimos que los trabajadores, que son los que producen la riqueza, pueden organizar la sociedad sobre nuevas bases económicas si logran arrancarle el poder político y económico a los grandes empresarios. El pueblo es capaz de distribuir los frutos del trabajo con mayor justicia que este puñado de explotadores que utilizan el saber y el sudor ajeno en beneficio propio, llevando al conjunto de la humanidad a sucesivas crisis, hambrunas, regímenes autoritarios, y guerras.

Si esta barbarie continúa o no, depende exclusivamente de nosotros, no de un presidente ni de un grupo de salvadores. Decir lo contrario sería mentir y evadir la propia responsabilidad. Por eso, proponemos la organización.


Fijado este objetivo político de colectivización de la economía y los recursos, se impone el accionar coordinado de las mayorías que enfrente a nivel regional, nacional y mundial a estos expropiadores de la riqueza popular. Ese accionar debe ser revolucionario y contra el Estado capitalista. La clase dominante no aceptará el cambio del sistema a través de reformas, no respetará ni a la democracia ni a la división de poderes si éstas constituyeran una traba para la protección de sus intereses. Si necesitara de la dictadura para mantener el sistema, no tendrá ninguna vacilación en imponerla y acabar con todo hombre, mujer, o niño que represente una amenaza.

El fallo de la Sala VII de la Cámara del Crimen posterior al desalojo violento de la fábrica Brukman lo decía claramente: “no hay supremacía de la vida y la integridad física sobre los intereses económicos y la propiedad”. Este fallo va en contra de la propia Constitución Nacional y de los pactos internacionales. Algunos pensarán que este fallo se debe a “la falta de seriedad” de estos jueces, pero no es así. Este fallo es un ejemplo concreto de lo dicho más arriba: el sistema está dispuesto a romper las mismas reglas que impone al resto de la sociedad, y está dispuesto a lastimar y matar a cualquiera para proteger sus intereses.


La reorganización de la sociedad sobre nuevas bases no se hará con la parodia pseudodemocrática del Estado capitalista. Por eso no hablamos de “pintar de rojo” a las instituciones del Estado capitalista ni creemos que tomar el poder signifique tomar el lugar de los políticos y burócratas del sistema. La revolución debe desmantelar la maquinaria estatal, pues si se la deja intacta se la estaría perfeccionando. Queremos crear otra sociedad que concentre el poder político y económico en manos de la mayoría y que se utilice para unificar la acción que venza la poderosa resistencia de los expropiadores expropiados. Esa sociedad se asentará sobre los firmes principios de la democracia de organismos de base, barriales y laborales.

Este fin tan ambicioso requiere el compromiso de las mayorías, y compromiso significa la participación directa y consciente en las decisiones, y no la subordinación a los representantes, dirigentes, o caudillos. Y a medida que se eleve el nivel de conciencia y experiencia autogestiva de la población, ese Estado se irá extinguiendo. Nunca hubo una empresa tan difícil en la historia de la humanidad.

Las asambleas populares no pretendemos, por cierto, reemplazar a los expropiadores de hoy por una burocracia autócrata que vuelva a convertirse en otra clase o casta dominante. Planteamos la unidad de acción y coordinación, incluso internacional, de todos los sectores en lucha, porque de otra forma es imposible enfrentar a los capitalistas, organizados en verdaderas gerencias y comando militares como el FMI, el Banco Mundial, las Naciones Unidas, la OTAN, el G7, etc.No adotamos consignas moderadas que sólo sirven para disfrazar actitudes paternalistas sobre lo que pueden o no comprender las masas.

Afirmamos que por haber seguido el poder en manos de la misma clase dominante, medidas que suenan como “progresistas” y no acabaron con la explotación, sino que por el contrario la reforzaron.

· Así, se han perdonado deudas externas tan sólo para potenciar a los capitalistas nacionales y extranjeros en su función de someter ideológica y físicamente al pueblo, o para que un Estado nacional se someta totalmente a las directivas de los organismos internacionales.
· En ocasiones, se han estatizado áreas claves de la economía sólo para que el esfuerzo inversor lo hiciera toda la sociedad y las empresas estatales fueran vacas lecheras del capital privado.
· Se nacionalizó parte de la banca para poner esos recursos al servicio de capitalistas locales y extranjeros. Se alentó el otorgamiento de créditos a productores privados. El resultado final fue: bancos estatales quebrados por los grandes capitalistas, la sociedad toda haciéndose cargo de esas deudas y los pequeños productores endeudados y despojados de sus medios de producción.
· Se nacionalizó el comercio exterior tan sólo para crear una mafia contrabandista protegida por el propio Estado capitalista o para crear un mercado nacional “cautivo” para favorecer a los capitalistas locales.
· Se han entregado fábricas quebradas a los trabajadores bajo la forma de cooperativas para, simulando sensibilidad social, meterlas nuevamente en el ruedo del mercado controlado por las corporaciones y asestarles, así, un golpe definitivo a las experiencias autogestivas y de control obrero de la producción.



Todas estas reformas han demostrado ser insuficientes para el beneficio de la sociedad al ser aplicadas por Estados capitalistas, y sólo han servido para embellecer ese Estado o para ocultar su total dependencia de la clase dominante. Las supuestas “consignas de transición” muchas veces se levantan como reflejo de las propias indecisiones políticas. Actitudes como ésta no han hecho más que hacer desconfiar al pueblo sobre el control popular de la economía (pues se presentaba la estatización bajo un estado capitalista como control popular) o han hecho caer a honestos luchadores en posiciones que no sólo no tocan sino que potencian el “libre mercado”, como es el planteo del cooperativismo como solución final.

Tenemos, entonces, un objetivo común y bien definido, distinto de las demagogias de los políticos capitalistas que sólo pretenden perpetuar el poder de sus financistas y de los reformismos centro y pseudo izquierdistas (que dejan el socialismo para un futuro tan lejano como inalcanzable y elucubran plazos y etapas que creen ver en el devenir histórico y que sólo están en sus mentes). Pretendemos coordinar nuestra acción por el logro de ese objetivo plasmado en forma resumida en los siguientes puntos:

a) El fortalecimiento y la articulación de organismos de base y todos los sectores que están por un cambio real del sistema, para luchar contra las corporaciones y su Estado, y para preparar a estos organismos en las tareas decisorias en la nueva sociedad. En lo inmediato, coordinación unificada del movimiento asambleario para posibilitar la inmediata coordinación transversal con el resto de los luchadores: piqueteros, corrientes combativas de los sindicatos, cuerpos de delegados de fábricas, trabajadores de las fábricas tomadas, movimiento estudiantil, movimientos de derechos humanos, partidos de izquierda, etc.

b) Articulación con todas las organizaciones populares en lucha de todo el mundo, pues sabemos que esta revolución debe tener alcance mundial y deben derrotarse las agencias internacionales económicas y militares del gran capital.

c) Colectivización de la economía para poner los medios de producción, educación, información, defensa y sanidad al servicio del pueblo. La actual propiedad privada de esos medios y su consecuente finalidad exclusiva de lucro transforman estos frutos del saber humano en maquinarias de explotación y mercantilismo contra el propio pueblo que los creó y desarrolló.

d) Establecer un plan económico surgido del consenso de los organismos de base, optimizando los medios existentes, distribuyendo armónicamente lo producido y estableciendo, provisoriamente y con el fin de atacar en forma inmediata el hambre mundial, una “canasta” de consumo mínima que debe ser garantizada. A la farsa de la “libertad de comercio” se opondrá la distribución colectiva de los productos materiales e intelectuales y la economía planificada.

Estas cosas no sólo son posibles sino necesarias para combatir los flagelos de la dependencia económica, el desempleo, la miseria, y el hambre. Sólo falta la voluntad política y la unidad de acción para llevarlas a cabo. Lo utópico es pensar que es posible alguna solución para las mayorías dentro de una economía controlada por una minoría.

La experiencia diaria va desmoronando los mitos que sobre la propiedad y la “iniciativa privada” hacen los lenguaraces del sistema. El análisis histórico y político no es privativo de las “clases ilustradas” sino que toda la población indaga profundamente sobre las causas de sus penurias y va descubriendo la falsedad de cosas que el sistema presenta como sagradas. Cualquiera que destine algo de tiempo a pensar estas cuestiones llegará a la conclusión de que los perjudicados y los beneficiados son siempre los mismos. Esa evolución, sumada al análisis de las victorias y derrotas de los trabajadores, hace posible su organización política, independientemente de lo que proponga el sistema. La progresiva toma de conciencia irá descubriendo una a una las trampas divisionistas que pone el sistema, disfrazadas muchas veces de “progresismo”, para mantener la explotación y la sumisión.



Creemos necesario que estas ideas sean socializadas y difundidas masivamente, con claridad y persistencia, para revertir los efectos del engaño y la hipnotización masiva permanente. No se puede librar todo a la espontaneidad. Las organizaciones populares debemos estar preparadas para cualquier tipo de coyuntura, para aportar ideas y planes concretos que le den un cauce productivo a la bronca permanente de la población. Las organizaciones populares no nos autoerigimos como vanguardias iluminadas. Las organizaciones populares, y particularmente las asambleas populares, pretendemos que toda la población tome el futuro en sus manos.

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muy buenooooooo!!!!!!! Martin Tuesday, Oct. 07, 2003 at 9:26 PM
Nicolás Asamblea Pque Chacabuco-Puan y Goyena Tuesday, Oct. 07, 2003 at 12:19 PM
no será mucho? Nicolás Tuesday, Oct. 07, 2003 at 5:38 AM
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